La infección del tracto urinario (ITU) es uno de los motivos de consulta más frecuentes, sobre todo en mujeres. La mayoría de las veces se trata de una molestia pasajera y de fácil tratamiento; pero conviene saber reconocer cuándo una infección urinaria deja de ser banal y puede afectar al riñón. Esa distinción es la clave de este artículo.
Qué es una infección urinaria
Hablamos de ITU cuando microorganismos —casi siempre bacterias, con Escherichia coli a la cabeza— colonizan e infectan alguna parte de las vías urinarias. Según dónde se localicen, distinguimos dos grandes escenarios con pronóstico muy distinto:
- Cistitis (vías bajas): afecta a la vejiga y la uretra. Provoca escozor al orinar, urgencia, orinar muchas veces y en poca cantidad, y a veces sangre en la orina. Suele cursar sin fiebre.
- Pielonefritis (vías altas): la infección asciende y alcanza el riñón. Aquí aparecen fiebre alta, escalofríos, dolor en la zona lumbar o el costado, náuseas y malestar general. Es una situación más seria.
La regla práctica es sencilla: cistitis molesta; pielonefritis, además, da fiebre y dolor lumbar. La fiebre cambia las cosas.
Señales de alarma
Conviene consultar sin demora si aparecen:
- Fiebre, escalofríos o dolor intenso en la espalda o el costado.
- Vómitos que impiden mantener la hidratación o tomar la medicación.
- Sangre abundante en la orina.
- Síntomas que no mejoran en 48-72 horas de tratamiento.
- Infecciones que se repiten (varios episodios al año).
¿Cuándo debe intervenir el nefrólogo?
La mayoría de las cistitis las resuelve el médico de familia. La valoración por Nefrología o Urología cobra sentido en situaciones concretas: infecciones urinarias de repetición, pielonefritis, presencia de cálculos o alteraciones anatómicas de la vía urinaria, pacientes con un solo riñón o trasplantados, personas con enfermedad renal crónica o diabetes, y hombres con ITU (que siempre merecen un estudio más detenido). En estos casos, una infección puede dañar el tejido renal o ser la punta del iceberg de otro problema.
Prevención: pequeños hábitos que ayudan
- Hidratación: beber suficiente agua ayuda a "lavar" la vía urinaria.
- No aguantar la orina y vaciar bien la vejiga, también tras las relaciones sexuales.
- Higiene adecuada, de delante hacia atrás en las mujeres.
- Revisar factores favorecedores: estreñimiento, mal control de la diabetes o el uso de ciertos dispositivos.
Un matiz importante: no toda bacteria en la orina es una infección. En personas sin síntomas —salvo en el embarazo o antes de ciertas intervenciones— la llamada bacteriuria asintomática no suele tratarse, para evitar antibióticos innecesarios y resistencias. Diagnosticar bien es tan importante como tratar.